Another Fishing Story
In the second reading for this weekend from the Letter to the Hebrews, we hear about approaching the altar of God. The author, with at least some connection to St. Paul but not written by St. Paul, calls the letter in Hebrews 13:22 a “Message of Encouragement”. What we find in the passage for this weekend is a pointing out or setting apart of the old and the new covenant.
In the first covenant, mentioned at the first part of todays reading (Hebrews 18:18-21) the author is speaking of the old Mosaic covenant the was given to Israel as a sign of the future covenant. It speaks of an inapproachable mystery, a God who speaks from the clouds or in a blazing fire. This is how Israel experienced God as we read the Old Testament. God was distant, powerful and often misunderstood. But this was only a sign or a type of the covenant God desired for His people.
The new covenant sealed in the Blood of Jesus Christ, (Hebrews 18:22-24) looks very different. The new covenant in Jesus, speaks beautifully of renewal, heaven and angels, prophets and Saints. This new covenant, is the Altar, the Sacrifice and Blood are of Jesus the savior. No longer do we need to offer rams or goats as sacrifice, the Sacrifice to seal all other sacrifices has been made and offered. Every time we come to the Holy Mass, we are renewed in this Sacrifice and in the Blood of Jesus. What we do in the Mass, is only a taste, a glimpse into what is being done perpetually on the Altar in heaven. The reverence and respect we pay to God the Father, Jesus the Son and Sacrificial victim, and the Holy Spirit of love and truth, is a powerful sign of our participation in the covenant God has made with us in Christ Jesus. And our God renews His promise to us, His covenant of love, that in the old covenant was only a glimpse, a taste of what the Eucharist offers. The Lord is renewing His covenant with you today. Pay Him the reverence and respect due to such great honor we have received.
In Jesus- Through Mary & Joseph
Fr. Josh Brown
Otra Historia de Pesca
En la segunda lectura de este fin de semana de la Carta a los Hebreos, escuchamos sobre acercarnos al altar de Dios. El autor, con al menos alguna conexión con San Pablo, pero no escrito por él, llama a la carta en Hebreos 13:22 un “Mensaje de Aliento”. Lo que encontramos en el pasaje de este fin de semana es una distinción o separación del antiguo y del nuevo pacto.
En el primer pacto, mencionado en la primera parte de la lectura de hoy (Hebreos 18:18-21), el autor está hablando del antiguo pacto mosaico que fue dado a Israel como un signo del futuro pacto. Habla de un misterio inalcanzable, un Dios que habla desde las nubes o en un fuego abrasador. Así es como Israel experimentó a Dios según leemos en el Antiguo Testamento. Dios era distante, poderoso y a menudo malinterpretado. Pero esto solo era un signo o un tipo del pacto que Dios deseaba para Su pueblo.
El nuevo pacto, sellado con la Sangre de Jesucristo (Hebreos 18:22-24), es muy diferente. El nuevo pacto en Jesús habla hermosamente de renovación, el cielo y los ángeles, los profetas y los Santos. Este nuevo pacto es el Altar, el Sacrificio y la Sangre son de Jesús el Salvador. Ya no necesitamos ofrecer carneros o cabras como sacrificio, el Sacrificio que sella todos los demás sacrificios ha sido hecho y ofrecido. Cada vez que venimos a la Santa Misa, nos renovamos en este Sacrificio y en la Sangre de Jesús. Lo que hacemos en la Misa es solo un anticipo, un vistazo de lo que se está haciendo perpetuamente en el Altar en el cielo. La reverencia y respeto que rendimos a Dios Padre, a Jesús el Hijo y Víctima Sacrificial, y al Espíritu Santo de amor y verdad, es una poderosa señal de nuestra participación en el pacto que Dios ha hecho con nosotros en Cristo Jesús. Y nuestro Dios renueva Su promesa con nosotros, Su pacto de amor, que en el antiguo pacto solo era un vistazo, un anticipo de lo que la Eucaristía ofrece. El Señor está renovando Su pacto contigo hoy. Ofrécele la reverencia y el respeto que se deben a tan gran honor que hemos recibido.
En Jesús - Por María y José,
Padre Josh Brown